¿Qué es liderazgo?

Seguramente no es la primera vez que te haces esta pregunta.

Una definición sencilla nos dice que el liderazgo es el arte de motivar a un grupo de personas, para actuar enfocada en conseguir un objetivo en común.

Pero, hablando de negocios, debemos de sumar a este concepto la idea de dirigir a colaboradores y colegas para conseguir las metas y necesidades de una compañía.

Así, esta definición de liderazgo logra capturar una parte esencial: la habilidad de inspirar a otros y prepararlos para los obstáculos que puedan encontrar.

Un liderazgo efectivo se logra transmitir a través de ideas (no importa si son originales o prestadas); pero no sucede por arte de magia, estas ideas deben de ser comunicadas con habilidad y coherencia a través de un líder, para lograr el efecto deseado y conectar con el público dirigido.

Veámoslo de forma más simple, imagínate como líder.

¿Listo?

Ahora tú eres el centro de inspiración y director de cada acción en tu compañía.

Tu tarea, ahora, es poseer las diferentes combinaciones de personalidad e ideas para lograr que puedas generar en los demás una acción deseada.  

¿Los líderes nacen o se hacen?

De acuerdo, es cierto que existen personas a las que, de forma natural, el papel de líder le sienta a talla.

Pero, vamos, esto no es una regla.

Cualquier persona puede lograr tener un buen liderazgo si obtiene las herramientas y, sobre todo, las habilidades necesarias.

La historia de la humanidad está llena de gente que, sin ninguna experiencia previa, han dado un paso al frente en diferentes situaciones y han logrado persuadir a otros de seguir el curso de sus acciones.

¿Cómo lo lograron?

A través de una serie de habilidades y cualidades que los ayudaron a establecerse a la cabeza de la pirámide; es decir, como un verdadero líder.

Veamos un dato clave sobre liderazgo

Erika Andersen, autora del libro “Leading so people will follow” (liderando para que la gente siga), nos dice que la capacidad de liderazgo de una persona se refleja a lo largo de una curva de aprendizaje.

De esta forma, podemos ver que la mayoría de gente que no creen poseer capacidad para liderar pueden convertirse en grandes líderes a través de la guía adecuada.  

¿Qué condiciones hacen a un gran líder tener un buen liderazgo?

Es cierto que existen diferentes definiciones de liderazgo; sin embargo, estas distintas definiciones generalmente convergen en que los grandes líderes poseen la habilidad de establecer estrategias y tomar decisiones visionarias; además de convencer a los demás para seguir sus instrucciones.

Otro aspecto importante que resalta, es la capacidad del líder en cuestión de generar consenso y permitir a los demás involucrarse en las acciones clave para conseguir las metas.

Para lograrlo, una de las claves es conocer la dirección correcta que se busca seguir e inspirar a los demás para que confíen en el trayecto trazado y, claro está, en los resultados esperados.

Sumado a esto y sin que pase desapercibido , una gran cualidad de cualquier líder es lograr transmitir las emociones necesarias para trabajar en conjunto.

En otras palabras, los grandes líderes saben cómo inspirar a su colaboradores y exigir de ellos que se cumplan las tareas asignadas, para conseguir los resultados detallados.

Como dijo el expresidente estadounidense Dwight Eisenhower: “El liderazgo es el arte de conseguir que otra persona haga algo que tú quieres, pero porque ellos quieren hacerlo también.”

Former U.S. President Dwight D. Eisenhower articulated this idea when he said, "Leadership is the art of getting someone else to do something you want done because he wants to do it."

8 habilidades que todo líder debe poseer para lograr un buen liderazgo

1.- Comunicación de líder

Como líder, debes poseer la habilidad de explicar a tus colaboradores, de forma clara y sucinta, todo lo que la organización espera de ellos (tareas específicas).

Así, un líder debe ser una ninja que domine todas las formas de comunicación: uno a uno, departamental, total staff, conversaciones informales, correos electrónicos, social media.

No olvides que una parte fundamental de la comunicación se basa en aprender a escuchar (hasta el silencio comunica algo).

De esta forma, la tarea de un gran líder es establecer un flow de comunicación claro entre los miembros de la organización.

2. Motivación para un liderazgo

Los líderes necesitan (mejor dicho, deben) tener la habilidad de inspirar a los  demás.

No, pagar un salario justo a tu colaboradores no te asegura que los estés inspirando.

En este mundo existen un gran número de formas para lograr motivar a tus colaboradores.

Por ejemplo, puedes establecer un sistema de méritos y reconocimientos, con base en los objetivos de la empresa; o, si lo prefieres, puedes asignar nuevas responsabilidades a miembros de tu equipo.

-De esta forma lograrás que te reconozcan como una figura que les da su lugar con base en responsabilidades propias.

Es decir, te comenzarán a ver como un líder.-    

3. Delegar es clave para todo líder

Los líderes que intentan abarcar mucho (¿cómo dice el dicho?), poco aprietan.

Si como cabeza de tu organización intentas hacer todo por tu parte, no es ninguna sorpresa, que, más temprano que tarde, la carga de trabajo te rebase.

Mucho líderes temen a la palabra delegar, como si esto se tradujera en una debilidad de su capacidad de liderazgo.

Cuando, en realidad, es signo vital de un líder fuerte.   

Lo primero que debes hacer es identificar con qué habilidades cuentan tus colaboradores y, tomando esto como base, comenzar a asignar tareas asequibles a su set de habilidades.

De esta forma, también te permitirás a ti enfocarte en el trabajo más importante.

4. Vibra positiva de un líder

Si le funcionó a Bob Marley, ¿por qué a ti no? Una actitud positiva puede traer grandes beneficios a cualquier oficina.

Y, la verdad, no es tan difícil lograrlo. Por ejemplo, aprende a reírte de ti mismo cuando algo no salga como lo planeaste.

De esta forma ayudarás a crear un medio ambiente que margine los periodos de estrés, incluso en momentos presurosos.

Pequeñas acciones como preguntar a tus empleados acerca de sus planes en vacaciones, sobre sus gustos, actividades fuera de la oficina, etc.

De esta forma tus colaboradores podrás desarrollarse en un ambiente en el que quieran trabajar y se sientan cómodos al hacerlo.  

5. Fiabilidad en el liderazgo

Tus empleados necesitan sentirse cómodos con la forma en que son liderados.

Esto solo se consigue a través de la confianza.

Es sumamente importante demostrar tu integridad (como líder) y convertirte en un figura de respeto y, sobre todo, en una persona en la que puedan depositar su confianza.

No hay mejor forma de lograrlo que ser abierto y honesto; así, lograrás animar a tus colaboradores para expresarse con total honestidad respecto a cualquier cuestión laboral.

6. Creatividad para liderear

Como líder, deberás tomar una serie de decisiones que, tal vez, no tengan una respuesta clara.

Por lo tanto, deberás de ser capaz de pensar fuera de la caja.

Date un tiempo para aprender métodos no tradicionales para encontrar nuevas soluciones.

De esta manera lograrás que, todos aquellos problemas que parecen no tener solución, tengan una nueva forma de ser resueltos.

Otra ventaja es que muchos de tus empleados te tomarán como punto de referencia cuando tengan un problema que no puedan resolver de forma tradicional.

No te quedes con el camino fácil, mejor corre el sendero creativo.


7.  Retroalimentación

Un líder debe buscar constantemente áreas de oportunidad para entregar información crucial a todos los miembros de su equipo acerca de su desempeño.

Sin embargo, existe un línea muy delgada entre ofrecer retroalimentación y comenzar a controlar todo de forma meticulosa (micromanagement).

Tu tareas es fungir como profesor y enseñar a tus empleados la forma en la que pueden mejorar su trabajo o asignaciones.

Esta es una gran herramienta para que tú, como líder, puedes delegar tareas con total confianza en que tu equipo podrá elaborarlas sin necesidad de tu intervención.

8. Responsabilidad del líder

Sí, un líder es responsable tanto del éxito como del fracaso de su equipo.

Por eso, necesitas desarrollar la habilidad de aceptar las buenas nuevas y las malas.

Si tus colaboradores ven en ti un líder que solo se encarga de apuntar con el dedo y repartir culpabilidades, lo más seguro es que en ninguno crezca un lazo de confianza.

Y, claro está, lo que verás a continuación es que tu equipo comienza a copiar la actitud de culpar a los demás.

Acepta los errores, fracasos y, no olvides, lo éxitos. Todo puede ser tu futura base de crecimiento.