Un texto argumentativo sirve para expresar ideas de manera coherente y por medio de razonamientos que refutan o justifican algo, con el fin de persuadir al lector acerca de que la postura que sostienen es la más correcta o razonable.

Como bien sabemos, hablar de un texto no sólo hace referencia a algo escrito, sino también puede ser un discurso, a través del cual se busque convencer al interlocutor sobre un tema o postura determinados.

La finalidad del autor puede ser probar o demostrar una idea, refutar la contraria o persuadir o disuadir al lector o interlocutor acerca de determinados hechos, ideas o comportamientos. 

Este tipo de texto comprende diferentes géneros, tales como artículos de opinión, ponencias, cartas argumentativas, conferencias, ensayos, entre otros.

Para lograr de manera exitosa el cometido, que es convencer al otro sobre determinado tema, es indispensable que se cuente con fundamentos y argumentos, pues sólo por medio de estos será posible repercutir en el otro y hacer que llegue a la conclusión de que nuestro punto de vista es el mejor o el más acertado. 

Antes de comenzar a redactar un texto argumentativo es necesario tener bien claro lo que queremos transmitir y a través de qué tipo de argumentos lo haremos.

Para comprender mejor de qué va este artículo, es necesario que primero tengamos claro qué es un argumento.

Un argumento, de forma sintetizada, es una expresión escrita u oral que manifiesta un razonamiento para probar, justificar, sustentar o rechazar una idea u opinión.  

¿Qué es la argumentación?

Habiendo definido qué es un argumento, es momento de pasar a la argumentación. 

La argumentación, de acuerdo con Pérez Vega, es “la operación discursiva orientada a influir sobre un público determinado”. A partir de esta definición, se desprenden dos acciones fundamentales que están presentes en un texto argumentativo: persuadir y convencer.

La persuasión tiene como fin lograr que el destinatario de un mensaje actúe de determinada manera apelando a aspectos emocionales (deseos, temores, prejuicios).

Por otro lado, convencer es probar de una forma que racionalmente no se pueda refutar o negar. Es decir, a través de la argumentación se debe buscar el convencimiento, la aceptación de una perspectiva distinta sobre un tema, pero no por medio de la manipulación, sino valiéndote de argumentos.

Sólo puede darse o existir una argumentación si hay un desacuerdo respecto de una posición. 

El acto de argumentación está conformado por tres características, de acuerdo con Moeschler (1985):

  1. a)   Carácter intencional, es decir, un enunciado A sirve para sostener una conclusión C
  2. b)   Valor convencional, que está relacionado con tres tipos de marcas argumentativas: las marcas axiológicas (propiedades léxicas), los operadores argumentativos y los conectores argumentativos
  3. c)     Carácter institucional, que remite a la incidencia que tiene la argumentación en el receptor y en el emisor, en sus intenciones discursivas y en los efectos que provoca

Tipos de argumentos

Emotivos-afectivos

Pretenden generar empatía con los interlocutores y convencerlos de algo por medio de las emociones y los sentimientos.

Racionales

Son aquellos que apelan a la capacidad de pensamiento lógico del lector. 

¿Qué estructura debe tener un texto argumentativo?

La estructura general de un texto argumentativo consta de una introducción, un desarrollo y una conclusión. Es muy importante respetar estos elementos y el orden establecido para que funcione de manera óptima nuestro escrito.

En la introducción se debe presentar, de manera breve, el tema que abordaremos y explicar la perspectiva desde la que se desarrollará, para que el lector tenga claro cómo se hará y conozca el objetivo del mismo desde el primer momento.

En el desarrollo tienen que presentarse y explicarse de manera detallada cada uno de los argumentos que sirven para sustentar el punto de vista que estás intentando defender.

Se debe poner especial cuidado en que cada argumento se desarrolle en un párrafo independiente. ¿Por qué? Porque esto permitirá darle fluidez a la lectura y ayudará a que sea más fácil para los lectores comprender lo que se expone o plantea en cada uno de ellos.

Esta es la parte más importante; digamos que es la columna vertebral de tu texto, por lo que debes prestar mucha atención al modo en que la redactarás o construirás para no perder fuerza y provocar que todos tus esfuerzos se vayan a la basura.

Finalmente, la conclusión hace referencia a la parte del texto argumentativo en la que se retomará el tema principal y central para dar un cierre óptimo teniendo en cuenta los razonamientos antes expuestos. 

Siempre se debe buscar construir este tipo de texto desde una perspectiva impersonal, porque esto ayuda a darle una sensación de imparcialidad, a pesar de que, ciertamente, se incluya y defienda la opinión del autor. 

¿Cómo escribir la introducción de un texto argumentativo? 

La introducción será determinante para que nuestros lectores decidan quedarse y leernos hasta el final u opten por irse sin terminar. Si no construimos una introducción llamativa, lo más probable es que tomen la segunda opción: abandonarnos.

Una de las claves para lograrlo es ser objetivos desde el primer momento y expresarnos de manera clara sobre el tema que trataremos. Esto nos ayudará a mostrar que conocemos sobre el asunto a tratar y que tenemos autoridad para desarrollarlo de manera oportuna. 

Para conseguir ese efecto en el lector, puedes lanzar preguntas retóricas que generen cierto impacto o que ayuden a que se identifique contigo. También puedes colocar alguna cita de un autor que sea reconocido o especialista en el tema para, desde el principio, demostrar que se trata de un texto serio que cuenta con referencias.

Una introducción puede adoptar diferentes formas, dependiendo de la finalidad de la misma.

Puedes empezar contando una historia, pero ojo, esta historia debe presentar elementos que sirvan para comenzar a sustentar o reforzar la opinión que, posteriormente, introducirás en el texto.

También puedes emplear la típica introducción que se vale de conceptos o definiciones, es decir, sin preámbulos se entra de lleno al tema. Como sucedió en este artículo: desde la primera línea expusimos la utilidad de los textos argumentativos.

Finalmente, otro de los métodos más utilizados es la inserción de citas o frases que hablen sobre el tema y que provoquen una reflexión en nuestros interlocutores, con el fin de dejar bien claro que no eres el único que se preocupa por el tema y lograr conectar desde el primer momento con la audiencia.

Partes de un texto argumentativo

Un texto argumentativo sí o sí debe contener los siguientes tres elementos, mismos que podrían asemejarse a lo que vimos en el apartado de la estructura:

Tesis

Es la idea principal en torno a la que se reflexiona. Esta, generalmente, aparece al principio, pero también puede tener lugar al final. Si se da el último caso, suele omitirse la conclusión porque se considera innecesaria. 

La tesis debe estar formulada de una forma clara, ya que de esta dependerá que todo lo demás se desarrolle de buena manera. 

Es el cimiento y si este no está firme, todo lo demás estará tambaleándose, lo que implicará un riesgo. 

Es como sucede en una construcción: si no se tienen bases fuertes y bien estructuradas, en algún momento, esta colapsará. 

Argumentos

Partiendo del planteamiento de la tesis, se debe dar paso a la argumentación. 

Aquí se tienen que ofrecer argumentos de diferentes tipos con el fin de fortalecer la opinión que se sostiene y refutar la contraria con bases.

Rechazar o poner en entredicho opiniones o ideas contrarias es muy importante porque a partir de esto, podremos convencer a los interlocutores de que estas opiniones están equivocadas y lograr que se inclinen más hacia la nuestra. 

Si bien se pueden utilizar elementos subjetivos o se puede recurrir a la ironía para hacer énfasis en los errores en los que cae otro autor, se debe tener cuidado de siempre ser tolerantes y respetuosos ante las ideas ajenas. 

No se trata de insultar a nadie ni de demeritar el trabajo de otros, sino de probar, precisamente con base en argumentos, cuáles son los aspectos que no se toman en cuenta en otras posturas y que podrían ayudarnos a inclinar la balanza hacia lo que nosotros decimos. 

Conclusión

Constituye la última parte de nuestro texto y consiste en condensar y reforzar lo dicho con anterioridad. 

Se trata de cerrar con la misma fuerza para terminar con broche de oro nuestro texto argumentativo. 

Es importante que lo formulado en este apartado sea coherente con todo lo previo, de lo contrario, todo nuestro esfuerzo habrá sido en vano. 

¿A partir de qué técnicas se puede formular un texto argumentativo?

Analogía

Con esta figura lingüística se establecen semejanzas o se comparan situaciones o hechos que inicialmente son diferentes. La finalidad es deducir que lo que es válido para un caso también es aplicable para el otro.

Apelar a lo emocional

Esta técnica está vinculada con el pathos, que significa “sufrimiento y experiencia”. Este término se traslada a la habilidad del autor para evocar emociones y sentimientos en su lector o interlocutor.

Es decir, a través de este se busca empatizar con la audiencia para crear un vínculo con la misma.

Suele utilizarse cuando los argumentos empleados resultan controvertidos, por lo que no es tan sencillo brindar argumentos lógicos y resulta necesario echar mano de otros elementos para generar empatía y lograr impactar en la audiencia a partir de las emociones.

Para redactar un texto argumentativo apelando a lo emocional, es fundamental conocer las dolencias de nuestros interlocutores, con el fin de saber elegir argumentos que estén próximos a su realidad. 

Ojo: debes tener mucho cuidado de no abusar de esta técnica. Recuerda que nada es bueno en exceso y este tema no es la excepción.  

Prolepsis

Prolepsis viene del griego prolambanein, que quiere decir “anticipación” y hace referencia a una técnica por medio de la cual puedes anticiparte a los argumentos o contraargumentos que podría objetar el lector.

Esto suele usarse mucho dentro de la política, sobre todo en los debates. Generalmente, los candidatos estudian a sus adversarios para adelantarse y deconstruir sus argumentos antes de que los exponga, obligándolos a cambiar de táctica y modificar sus argumentos.

Por ejemplo, si se trata de un texto que hable sobre las ventajas de los videojuegos, puedes empezar planteando los puntos que se han presentado en contra de esta práctica e ir deconstruyendo cada uno de ellos, dándole un giro positivo que esté bien sustentado. 

Características y funciones lingüísticas de los textos argumentativos

La modalidad oracional utilizada en los textos argumentativos tiende a ser enunciativa cuando el autor busca mostrar cierta objetividad en cuanto a lo que plantea con el objetivo de lograr una mayor verosimilitud. 

Pero también se recurre a la exclamativa, cuando el emisor quiere manifestar su postura sobre determinado tema con un alto grado de implicación; y a la interrogativa, cuando se busca llamar la atención del interlocutor o provocar cierta reflexión en él.

En cuanto al léxico, suele prevalecer el uso de palabras polisémicas con valor connotativo, con el fin de apelar al entendimiento del lector y dejar un tanto abiertas las posibilidades para que sea él mismo quien llegue a la conclusión que queremos y sea quien decida creer y adoptar nuestra postura.

Sin embargo, tenemos que tener cuidado al usar estas palabras, ya que el emplear términos demasiado ambiguos puede provocar que se llegue a una conclusión equivocada; incluso, contraria a la que estamos planteando.

En cuanto a las funciones lingüísticas, los textos argumentativos están directamente relacionados con la función apelativa, ya que se busca persuadir, convencer, aconsejar y sugerir, y todas estas acciones exigen una respuesta por parte del interlocutor. Por medio de esta es como se sabrá si se logró el objetivo o no. 

La función referencial también puede aparecer cuando se transmite una información o se dan datos, así como la expresiva. Esta última dependerá del grado de implicación del autor durante el planteamiento del tema. 

¿Qué tipos de argumentos se pueden utilizar en un texto?

Una vez teniendo claro todo lo expuesto anteriormente, es momento de que conozcas algunos tipos de argumentos de los que puedes echar mano para sostener tu tesis. 

Argumento de autoridad

Es imposible conocer de primera mano todo, por ello, tenemos que confiar en otros (personas, organizaciones, especialistas, etcétera) para que nos expliquen y podamos comprender gran parte de lo que necesitamos saber sobre el mundo.

Esto es precisamente a lo que hacen referencia los argumentos de autoridad: X (alguna fuente que sabe) dice que Y, por lo tanto, Y es verdad.

Este tipo de argumento expresa o reproduce las ideas u opiniones de elementos de autoridad, como puede ser un investigador, una institución o un especialista.

El impacto, entonces, proviene de la fuente mencionada, por lo que es muy importante hacer mención de dónde se puede consultar dicha información para que no queden dudas respecto de la veracidad de lo que se está diciendo. 

Muchas veces, por desconocimiento o incluso por muletilla, solemos pasar por alto a los autores y únicamente utilizar frases ya formuladas como “muchos expertos apuntan a que”, “algunos especialistas sostienen que”, lo que en realidad no dice nada, ni transmite confianza ni da credibilidad. 

Para que estas afirmaciones tengan peso, es fundamental decir qué expertos lo dicen y en dónde.

Por más experto que seas y por más títulos que tengas para sostener lo que dices, es muy importante que recurras a otros especialistas para dotar a tu texto argumentativo de datos confiables y darle una mayor fuerza. 

Argumento de ilustración

Se recurre a ejemplos para comprobar que los puntos expuestos con anterioridad, en efecto, se cumplen.

Estas ilustraciones o ejemplos no tienen por qué ser siempre positivos. Puedes representar una situación negativa a través de la cual puedas comprobar que lo que planteas es importante porque pudo haber evitado que eso sucediera.

Por ejemplo, si tu fin es comprobar que es vital utilizar casco cuando tu medio de transporte es la moto o la bici, puedes ilustrar algún caso en el que el haber prescindido de este artículo haya provocado mayores daños a una persona, con el fin de hacer consciencia en la gente. 

Argumento por analogía

En este tipo de argumentos, se parte de la premisa de que dos cosas que son similares en varios aspectos, deben ser análogas en otros. 

Se pueden encontrar argumentos de este tipo muy fácilmente. Por ejemplo, cuando los médicos hacen un reclamo a sus pacientes objetando que, así como cuidan sus objetos personales, en este caso utilizaremos un auto para ejemplificar, y lo llevan continuamente a revisión y le dan mantenimiento, deberían cuidar su cuerpo, haciéndose un chequeo de forma regular.

Aquí el punto en común es que ambos necesitan de ciertos servicios o procedimientos médicos, según sea el caso, para funcionar de manera adecuada y eficiente y, para evitar problemas mayores o más delicados, es necesario someterse a revisiones de forma periódica.

Las analogías no requieren que el ejemplo usado como tal sea exactamente igual al ejemplo de la conclusión, basta con que existan similitudes relevantes para que estas funcionen dentro de un texto.

Argumento de causa y consecuencia

Este tipo de argumento parte de la premisa de que A causa B, creando una correlación, pero no basta con eso, sino que es necesario que se explique por qué tiene sentido que A cause B.

Por ejemplo, si se parte de la idea de que tomar un desayuno (A) mejora la salud (B) se debe decir por qué esto es verdad, es decir, no sólo se debe explicar cómo una causa lleva a una consecuencia, sino que se tiene que citar la fuente y explicar por qué esa fuente es confiable.

Con estos argumentos también se busca generar consciencia en el interlocutor y prevenirlo respecto a situaciones determinadas relacionadas con el tema tratado. 

Argumento de sentido común

Se basa en afirmaciones ya por demás consensuadas, por lo que son casi irrebatibles. Estos argumentos son empleados, mayormente, cuando el objetivo es defender un punto de vista u opinión que es masificado.

Nadie puede objetar nada o refutarlo porque es una idea ya reconocida y aceptada en todo el mundo. 

Argumento de pruebas concretas o principio

Se utilizan argumentos que tienen su base en pruebas concretas para sostener la tesis. 

Estas se fundamentan en datos o información pertenecientes a la realidad, por lo que pueden emplearse datos estadísticos o falsos o hechos importantes que sean de dominio público, para que estos no sean fácilmente refutables. 

Argumento de lógica

Tiene su base, como lo dice su nombre, en la lógica, es decir, se construye a partir de una o más proposiciones, llamadas premisas, que son los presupuestos del argumento. 

Los argumentos lógicos se deducen a partir de las premisas. Un ejemplo de este tipo de argumentos sería el siguiente:

Todos los lingüistas son esquizofrénicos.

X es lingüista.

Por lo tanto, X es esquizofrénico.

Las dos primeras son las premisas y la última es la conclusión a la que se llega a partir de ellas.

Argumento de fuga

Son utilizados para desviarse de la discusión central, debido a que se sabe de antemano que los argumentos brindados no serán válidos.

En este tipo de casos, se emplea la subjetividad para lograr el objetivo. 

Trampas argumentativas

Las trampas argumentativas no son un tipo de argumento, pero suelen emplearse para convencer al interlocutor a través de información que no sigue una lógica coherente. 

Por medio de argumentos que no corresponden con la realidad y que apelan a lo emocional, de manera exagerada, se busca deshacer el argumento de la otra persona; por ejemplo, atacando al individuo y no su argumento como tal. 

Si identificas este tipo de argumentos, tienes que hacer hasta lo imposible por eliminarlos de tus textos, ya que sólo servirían para quitarle credibilidad a lo expuesto y, por tanto, serían contraproducentes.

¿Cómo construir un argumento corto?

Para poder construir un texto argumentativo, necesitamos elaborar un par de argumentos cortos. Existen algunas recomendaciones generales que son muy útiles para construirlos. A continuación, te explicaremos paso a paso cómo lograrlo.

1. Distingue entre premisas y conclusiones

Lo primero que se debe hacer cuando se quiere construir un argumento es preguntarse qué es lo que se quiere probar y cuál sería la conclusión. Recuerda que la conclusión es la afirmación en favor de la que se están dando razones.

Las afirmaciones a través de las cuales se ofrecen razones se llaman premisas, como mencionamos anteriormente.

2. Expón tus ideas en un orden natural

Los argumentos cortos tienen, generalmente, una extensión no mayor a dos párrafos.

Lo recomendable es escribir primero la conclusión y enseguida las razones o puedes primero exponer las premisas y después extraer la conclusión final. Sea cual sea la opción que elijas, trata de presentar tus ideas en un orden que permita que tu línea de pensamiento se muestre de una forma natural para los lectores.

Intenta que cada afirmación conduzca a la siguiente para que haya fluidez en la lectura y sea mucho más fácil para las personas que están leyendo tu texto argumentativo.

Veamos el siguiente ejemplo:

“Los males del mundo se deben tanto a los defectos morales como a la falta de inteligencia. Pero la raza humana no ha descubierto hasta ahora ningún método para erradicar los defectos morales [...] La inteligencia, por el contrario, se perfecciona fácilmente mediante métodos que son conocidos por cualquier educador competente. Por lo tanto, hasta que algún método para enseñar la virtud haya sido descubierto, el progreso tendrá que buscarse a través del perfeccionamiento de la inteligencia antes que del de la moral”.

En el argumento anterior, se señala cuáles son las dos causas de los males del mundo –los defectos morales y la falta de inteligencia– y se afirma que no se sabe cómo corregir los defectos morales, pero sí cómo corregir la falta de inteligencia; por lo tanto, se concluye que el progreso tendrá que llegar por medio del perfeccionamiento de la inteligencia.

3. Parte de premisas fiables

Aunque adoptes y defiendas un argumento válido, esto no basta. Tienes que prestar atención a que las premisas tengan cierta fuerza; de lo contrario, la conclusión será débil y no generará el impacto que estás buscando.

Si no estás seguro de la fiabilidad de tu premisa, lo mejor es que realices una investigación para tener mejores bases o, en su caso, optes por desechar esa premisa y comiences a trabajar en otra que pueda tener una mayor fuerza.

4. Sé concreto y conciso

Evita a toda costa emplear términos vagos o abstractos, ya que esto sólo provocará que los interlocutores se pierdan y no entiendan muy bien hacia dónde va tu argumento, lo que le restaría credibilidad al mismo.

5. No emplees lenguaje emotivo

No construyas un argumento basándote en hacer menos a tu oponente o a quien sostiene una postura contraria a la tuya para crear un discurso que influya en las emociones de tus lectores. Mejor esfuérzate por entender la postura y trabaja para encontrar verdaderas pruebas que sostengan tu conclusión.

6. Evita la ambigüedad

Cuida mucho que los términos o palabras que emplees para construir los argumentos no se presten a dobles interpretaciones, ya que esto podría debilitar tus afirmaciones al no resultar completamente transparentes para quienes te leen.

Puedes, incluso, optar por explicar de manera rápida en qué sentido utilizarás cierta palabra para que quede claro desde el principio y no haya lugar a dudas.

Estos pasos son el punto de partida para crear un texto argumentativo. Si ya tienes todo lo anterior resuelto y deseas construir ahora un texto más grande, lo que tienes que hacer es lo siguiente.

¿Cómo escribir un texto argumentativo?

1. Explica el problema

Al escribir un texto argumentativo, se debe comenzar lanzando una pregunta y, enseguida, explicar por qué es relevante responderla, justificando el interés que existe en tratar determinado tema.

Debes tener en cuenta a tu público porque este puede no ser consciente de la cuestión o de la gravedad o importancia del problema. En este caso, será indispensable que expliques brevemente el contexto para que estén mejor informados y entiendan la relevancia de lo que planteas.

2. Formula una afirmación o propuesta definitiva

Si vas a plantear una propuesta, no seas vago; siempre busca ser específico a la hora de explicar qué es lo que propones. Decir “se debería hacer algo” es igual a decir nada, pues queda muy abierta la afirmación.

Muchas veces la conclusión puede no ser algo novedoso, pero para no engañar al lector se debe exponer lo que se busca desde el inicio; de lo contrario, tu texto podría parecer no concluyente.

3. Desarrolla los argumentos

Una vez teniendo claros la importancia del tema y qué es lo que se busca a través del texto argumentativo, se debe comenzar a desarrollar de manera extendida cada uno de los argumentos propuestos, sobre todo, el principal.

Un argumento bien explicado es mejor que diez medianamente esbozados, así que no te centres nunca en la cantidad, sino en ofrecer argumentos bien sustentados y desarrollados.

4. Anticípate a las objeciones

Es mejor tener bien claro desde el inicio por dónde pueden atacar nuestros argumentos o conocer qué desventajas pueden presentar para, a lo largo del texto, ir respondiendo de manera sutil cada una de estas.

La clave está en enfocarnos en exponer y demostrar que pesan más las ventajas que las desventajas, y sostener esta postura hasta el final para que no queden dudas al respecto.

5. Analiza las alternativas

Este punto suele pasarse por alto de manera constante, pero es muy importante no dejarlo de lado. ¿Por qué? Porque no basta con mostrar que nuestra propuesta brinda una solución a un problema, sino que se debe comprobar que es mejor que las demás posibles soluciones.

Por ello, se deben analizar las propuestas que existen respecto al tema que se abordará y tratar de mostrar que estas son menos probables, que exigen más esfuerzo, que serán más tardadas, etcétera.

Evidentemente, no se trata de mentir, por eso se deben dar argumentos o razones bien sustentados que respalden lo que estamos diciendo.

Si tienes en cuenta todos los puntos anteriores, será mucho más fácil para ti construir un texto argumentativo bien fundamentado.

Algunas consideraciones finales...

Para cerrar con el tema de lo que se debe tener en cuenta a la hora de escribir un texto argumentativo, te dejamos algunas consideraciones finales para que no las pases por alto.

  • No esperes que las definiciones hagan el trabajo de los argumentos. Las definiciones ayudan a sustentar nuestras ideas, pero muy pocas veces permiten realmente resolver las cuestiones más complicadas.
  • Si usas términos controvertidos, trabaja a partir de ejemplos para que quede más clara tu postura respecto al tema y que los interlocutores no se confundan.
  • No utilices ningún recurso en exceso. Recuerda que el dicho “todo con medida” aplica dentro de cualquier ámbito.
  • Nunca pierdas el hilo de tu texto argumentativo porque, de hacerlo, podrías generar un escrito que no sea coherente en todas sus partes, lo que le quitaría toda credibilidad.
  • Sé claro. Quizás tú sabes muy bien lo que quieres decir, pero muchas veces la forma en la que se expone está muy lejos de ser clara para los demás. Por ello, es muy importante que expliques las conexiones entre tus ideas, aunque a ti te parezcan obvias.
  • No afirmes más de lo que has probado por medio del texto argumentativo que desarrollaste.

Conclusión

La argumentación está presente en la vida cotidiana; aparece cada vez que existen posturas opuestas respecto de un tema y alguien intenta convencer a otro de que su propia forma de pensar es razonable y digna de adoptarse.

Sería imposible concebir a un individuo si este no fuera capaz de expresar sus opiniones; no obstante, estas deben estar muy bien sustentadas porque, de no ser así, no tendrían el peso suficiente para modificar conductas o desarrollar nuevas formas de pensamiento, lo cual resulta indispensable.